Desde que era joven, Soong Mei-ling, conocida mundialmente como Madame Chiang, nunca fue alguien que aceptara la vida con calma. Era una mujer que combinaba inteligencia, disciplina y un encanto que la llevó a codearse con presidentes y líderes de su época. Nació en Shanghái en 1898 y vivió hasta los 105 años, algo extraordinario para su tiempo y condiciones históricas.
Muchos han preguntado qué es lo que hizo que Madame Chiang viviera tanto y se mantuviera activa casi hasta el final de su vida. No fue solo fruto del azar, ni simplemente buena genética: su vida fue una mezcla de hábitos, disciplina y decisiones conscientes que la llevaron a mantenerse fuerte, lúcida y con energía incluso después de cumplir más de un siglo.
Más allá de su impresionante carrera política y social, Madame Chiang tenía una rutina de vida que muchos considerarían casi inusual hoy día. Sus mañanas comenzaban con un simple vaso de agua fría con limón, un hábito que repetía religiosamente casi todas las mañanas de su vida adulta. A partir de ahí, ella prefería comer cinco comidas pequeñas al día en lugar de grandes banquetes, y siempre se detenía antes de sentirse completamente llena, rondando aproximadamente el 70 % de saciedad. Esta forma de alimentarse —una especie de “semihambre”— es algo que muchos nutricionistas modernos ahora promueven como saludable.