¿Es cierto que el alma tarda 3 días en irse? Lo que dice la ciencia sobre la conciencia después de la muerte..ver más

En el cristianismo popular, aunque no siempre respaldado de forma oficial por la doctrina, existe la creencia de que el alma permanece cerca durante los primeros días. De ahí surgen prácticas como rezar el rosario durante nueve días o realizar misas especiales. Para muchos creyentes, ese tiempo sirve para encomendar el alma, ayudarla a encontrar descanso y, al mismo tiempo, ofrecer consuelo a los vivos.

En otras culturas, como algunas tradiciones orientales, el concepto es aún más detallado. Se habla de un proceso de desprendimiento gradual, donde la conciencia atraviesa distintas etapas antes de abandonar por completo el plano físico. En estas visiones, el alma no se va de golpe; necesita tiempo para comprender que el cuerpo ya no responde y que debe seguir su camino.

Pero más allá de las creencias religiosas o espirituales, hay un componente profundamente humano en esta idea. Cuando alguien muere, especialmente de forma repentina, a los que se quedan les cuesta aceptar la ausencia. La mente busca explicaciones, señales, consuelo. Pensar que el alma aún está cerca puede aliviar el dolor, aunque sea un poco. Es una forma de decirse a uno mismo que la despedida no fue tan brusca, que todavía hubo un último adiós invisible.

Muchas personas cuentan experiencias que refuerzan esta creencia. Relatan olores familiares que aparecen sin explicación, luces que parpadean, objetos que cambian de lugar o sueños tan reales que parecen visitas. Para quien lo vive, no hay duda: algo estuvo allí. Otros, más escépticos, explican estos fenómenos como reacciones del cerebro ante el duelo, manifestaciones del subconsciente o simples coincidencias. Sin embargo, incluso quienes dudan reconocen que estas experiencias suelen darse con más intensidad en los primeros días después de la muerte.

Desde un punto de vista psicológico, el duelo tiene fases muy claras. Al principio, la negación es común. Cuesta aceptar que la persona ya no está. En ese contexto, sentir su “presencia” puede ser una manera de la mente de amortiguar el golpe emocional. No significa que sea falso o ridículo; es parte del proceso de adaptación a una realidad nueva y dolorosa.